viernes, 23 de octubre de 2009

SATISFACCIóN

No se pero, desde que era monaguillo, siempre me dio por descubrir cómo sería el cagarse en un altar. Cosas terribles --pensaba en aquellos tiempos-- deberán pasarle a quien se atreva. Cosas terribles y, sin embargo, el pensamiento no dejaba de asaltarme cada vez que veía cometer una injusticia. Sí, porque, aunque parezca insólita la asociación, las injusticias son siempre cometidas por las gentes que veneran los altares. Búsquelos. Presidentes, ministros, generales, industriales, comerciantes, ricos y pobres, todos tiemblan ante un altar determinado. Por eso, cada vez que se me presentaba una oportunidad, lo intentaba. Mas, nunca había tenido éxito. La mayoría de las veces no funcionó por mi propio miedo; las otras, por inoportunas presencias.

Pero eso fue hasta hoy. Y este chance no me lo voy a perder por nada del mundo. He mandado el miedo al carajo; no me importa tampoco quien se acerque. Si no lo logro ahora, seguro que moriré con esa frustración.

--Senador, muchas gracias por haberme recibido. Será muy poco tiempo el que le ocuparé. Sólo he venido para decirle que usted y los demás miembros de la Asamblea Nacional son unos abusadores, son unos cabrones e hijos de la gran pu... uuum.

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