Unos lustros después, ocupando ya mi antiguo profesor el cargo que ahora desempeña, leí en un periódico la información de que a un juez de la Suprema se le había impedido entrar en una playa de la costa norte porque no tenía el brazalete de rigor que lo identificara como cliente de ese balneario. Me confieso. Lo malsano de mi mente asoció inmediatamente ambos incidentes, imaginando que el doctor Subero andaba de vacaciones --fue por los días de Semana Santa-- junto a su compañero y que, como su cara era fácilmente reconocible, convenció al otro juez para que provocara el suceso con fines de desquitarse aquella humillación de Boca Chica y dejar sentado un referente jurisprudencial sobre ese derecho de los ciudadanos consagrado en nuestras leyes. Pero no fue como lo imaginé; nunca, jamás volví a ver o a oír algo sobre el particular.
Yo mismo, hace unos meses, quise entrar a la playa de El Morro (Miches), por donde anduve libremente durante mis primeros cuarenta y cinco años de vida, siendo detenido por un "guachimán" que me explicó las nuevas reglas: "para pasar son cien pesos por persona; si usted consume algo en el restaurán, se lo aplican a la cuenta; si no consume, no hay devolución. Y el asunto no es para bañarse, es solamente por mirar".
No lo he intentado en otras partes pero imagino que también encontrará limitaciones, o algo peor, quien se le antoje ir a dar una vueltecita por Playa Palmilla en La Romana porque anduvo maroteando por allí cuando chiquito o quien se le ocurra ir a meditar (así no más, porque le sale de sus co...ordenadas internas) a los farallones del Donald por Punta Cana o quien, después de un "jumo loco", le caiga (porque está en su país y aquí las playas son de dominio público) con irse a dar un chapuzón, para bajar la resaca, en la "pocetica" que está frente a la casa de Julio Iglesias en Cap Cana o a las playas consideradas extensiones de las villas que se encuentran en Palmar de Ocoa o a los arroyos que pasan por los patios de las quintas veraniegas de nuestros potentados en Constanza y Jarabacoa o quien tenga la osadía, para irnos a los extremos, de querer sentarse en la primera fila de la Catedral durante un Te Deum, vestido con una camisita estrujada y unas "chancleticas pisa ñeca".
Y es, señores, que nuestra "sociedad pensante", nuestra "sociedad civil" siempre está "buscando el ajogao río arriba". Tantos problemas graves que diariamente impiden el buen desenvolvimiento de la vida (transporte, alimentación, educación, descomposición social) que pueden ser mejorados y hasta controlados, con el aporte solidario de cada uno de nosotros (no solo con la denuncia alegre y pendenciera de quien quiere alborotar el charco para poder pescar más fácil) y sin embargo, lo que causa furor, lo que polariza y paraliza el país son unos benditos "cambios" en una Constitución que nunca ha "constituido" algo para esos pobres que siempre se enarbolan a la hora de sacar ventajas personales. Porque, dígame usted, por ejemplo, ¿qué es más importante para los pobres pescadores de Laguna Limón: que "los defensores de la ecología nacional" y las autoridades de Medio Ambiente cumplan con el deber de sanear la mayor reserva natural de agua dulce que existe en las islas antillanas, de tal forma que ellos puedan conseguir el sustento diario para sus familias o que se pasen de programa en programa y de columna en columna tratando de convencer al país de que han descubierto el agua tibia, al señalar que la inclusión de las palabras "el debido respeto a la propiedad privada" en el nuevo pedazo de papel que se imprimirá después de los "allantes" correspondientes, es una trama para dejar al "pueblo" sin playas?
¿Quien dijo que los verdaderos problemas de este país se van a resolver con unas palabras que se hagan constar o no en lo que debe ser nuestra ley de leyes?
¿Van a dejar los presidentes, los secretrios de estado, los obispos, los sacerdotes, los legisladores, los traficantes de drogas, los industriales, los carretilleros, los burócratas y todo el que se vea en la necesidad, de provocar un aborto porque, simplemente, así se hizo contemplar en el texto constitucional para cumplir con algunas apariencias que la hipocresía nos impone?
¿Van a dejar los propietarios de terrenos con playas y ríos, después de invertir millones de dólares en su compra y acondicionamiento, que en cualquier momento los inunde una avalancha de "giras" llegadas en "voladoras" cuyos integrantes vienen ya con sus calderos de espaguetis y sus "potes" bajo el brazo, esté o no contemplado en la Constitución?
Aquí, si se quiere, lo que debemos definir es si nos ponemos de acuerdo con que todo sea del dominio de todos, para que nos "deflequemos" unos con otros y comencemos desde cero con los que puedan quedar, o seguir como podamos, tratando de sobrevivir lo más humanamente posible ante el sistema que, para mal o para bien, por acción o por inacción, hemos sucumbido.
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