miércoles, 28 de octubre de 2009

ESE... SE HA QUEDADO SIN NACER

Mi abuelo materno, Juan F, se dejaba caer de vez en cuando por nuestro hogar. Usualmente llegaba entre cuatro y cinco de la tarde y se quedaba a cenar. Era conversador, terco y racista. Cuando coincidía con mi papá en la casa, que así mismo era conversador y terco pero muy libre pensador, se entablaba una larga conversación que terminaría de acuerdo al tema que trataran. Entre esos temas, casi siempre evitado por mi papá para no crear conflictos, estba la familia de ambos. ¡Ah, verdad! Se me olvidaba decirles que mi abuelo materno era hijo de una hermana (de padre y madre) del papá de mi papá. Es decir, ellos eran primos-hermanos.

Una de esas "primanoche" fue de antología. El abuelo había estado hablando (me parece que ese día sucedió algo no muy santo donde estaba envuelto un familiar), desde que llegó, sobre los descarriados y el problema que traía la mezcla de "gente buena" con cualquier "cágame la traba" que se apareciera pero, como mi madre era un poco parca, aquello se convirtió en un monólogo hasta que llegó el esposo, quien, después de tomarse la rigurosa tasa de café recién colado, se resignó a servir de interlocutor en el tema, sabiendo de antemano que le sería imposible evitarlo.

Alentado por la atención que se le prestaba, el padre de mi madre, comenzó a sacar "cuentas" de cada uno de los dieciseis hermanos y hermanas que originalmente conformaban la familia de donde ellos procedían. Una familia procreada por la unión forzada de un descendiente directo de esclavos y una "isleña", descendiente directa de canarios sabanalamarinos. Según el recuento que hacía mi abuelo, entre los hermanos había "gente de primera", algunos "buenos" y otros "mala clase". Mi padre trataba de contraargumentar, señalándole a los "buenos" y "de primera" alguna falta y, a los demás, algunas virtudes, aunque estaba consciente de que no había muchas cosas para sentirse orgulloso de sus tíos y mucho menos de su padre. Pero mi abuelo se empecinaba en su rasante clasificación. Entonces, después de un álgido intercambio, llegó un momento que nunca olvidaré.

--Mira, Juan -- dijo mi progenitor cuando inconscientemente cayó en cuenta de que "los buenos" y "los de primera" eran los tíos que no eran "prietos"-- yo te voy a decir una cosa para que terminemos esta conversación: el mejor de esos hermanos fue el que se quedó sin nacer.

He querido hacer esta introducción para abordar el eterno tema de los buenos y los malos en nuestra sociedad, sobre todo en lo referente a los políticos, ya que ahora se ha puesto de moda el asunto de los candidatos que están ligados al narcotráfico. En ese sentido, las autorizadas voces del Dr. Vincho Castillo y el senador Wilton Guerrero, han señalado, quedándose muy cortos, que el treinta por ciento de los candidatos actuales están ligados a ese segregado segmento de nuesta economía. ¡Caramba! Yo hacía a esas destacadas figuras mejor "orejeadas"... y menos parcializadas.

Mejor enterados, digo ahora, porque quien no quiera establecer pecadores predilectos debe aceptar que, en la República Dominicana, más del sesenta por ciento de los candidatos actuales tienen relación con el negocio de las drogas prohibidas por la ley. Y menos parcializados, sigo diciendo, porque no solo son los políticos los que están ligados directa o indirectamente a esa demoledora maquinaria. Estos, como los "mala clase" de mi abuelo, son en quienes más se nota esa relación porque la gran mayoría salen de los estratos económicos más deprimidos pero no son los únicos; ni siquiera, los más. Pruebas al canto.

Guardias, marinos y policías que reciben coimas de vecinos para hacerse los indiferentes ante los "barones" de las drogas; gerentes de instituciones financieras que abren cuentas sin hacer las debidas investigaciones; abogados que asesoran y defienden a personas después de saber toda la verdad sobre sus clientes; constructures, industriales y comerciantes siempre ávidos de capitales para inyectar a sus empresas, no importa de donde salga ese dinero; párrocos, pastores e instituciones no gubernamentales que se hacen de la vista gorda ante "obsequios" entregados "a la sombra" directamente o enviados por "tras mano"; periodistas (¡ay, sí, mi hermano!) muchos periodistas tergiversando realidades y/o haciéndose los locos ante hechos que ocurren en sus propias narices (quizás por no "perjudicar" sus propias narices) y, por último, siendo para mi el más importante, el sector "legal" del juego, llámese este casino, banca de deportes o banca de lotería.

Esta podrida sociedad, tal y como lo hacía mi antepasado, tiene la costumbre de nomenclutarizar a los "malos" de acuerdo a su procedencia, coyunturas y conveniencias. Verbigracia. La señora ligada a los cuatro millones y medio de dólares incautados recientemente, debió ser, hasta unos momentos antes de su apresamiento, una "prima donna" en las exclusivas tiendas, salones, bancos y otros establecimentos que frecuentaba. Ahora, es un paria. Y que no me venga nadie con la famosa "presunción de inocencia", porque lo que debe aplicarse en estos casos es "no hay más ciego que el que no quiere ver". En estos dos tercios de isla, todo el que sepa sumar, restar, multiplicar y dividir, más aquellos que aunque no sepan, tengan algo de sentido común, tienen los mecanismos para determinar que aquí no hay más de cien familias cuyos miembros pueden comprar sin financiamiento("veinte, veinte"), amueblar y mantener un apartamento de medio millón de dólares, mucho menos sostener el ritmo de vida demandado a quien escale el estatus social que ello determina. Ningún diputado, ni senador, ni secretario de estado, ni juez de la suprema, ni fiscal, ni siquiera un Presidente, puede, con las asignaciones legales que para sus cargos están establecidas, justificar la compra honrada de bienes tan suntuosos.

Por otro lado, (me da tres pitos lo que piensen "los pensadores") yo no se cual es la diferencia entre los que usan el dinero del narcotráfico, los que usan, indebidamente, el del erario, los que usan ilegalmente el de otras fuentes "legales" que igualmente corrompen nuestra sociedad y los que, para no hacer sentir mal a alguien, usan una combinación de todo lo anterior en sus campañas políticas. Todos, para este ciudadano del planeta tierra, son delincuentes. Ni mejores, ni peores, como diría mi abuelo. Simplemente, delincuentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario