miércoles, 18 de marzo de 2009

Edificando mi atalaya

He decidido arrimar mi hombro al grupo de militantes que tratan de mover el mundo porque estoy convencido de que esta gran bola de pupú en la que nos hemos convertido se encuentra en el lugar equivocado. Aunque el físico aquel no especificó las características que debería tener el punto de apoyo ideal, yo creo haberlo encontrado en la intersección de la María Montez con Peña Batlle, la esquina más famosa de estos dos tercios de isla que precariamente ha sobrevivido al Colon-ialismo, al truijillismo, al imperialismo y a otros ismos menores. En este lugar ya he levantado mi tarantín, con reciclados 2x4 de angustias y pedazos de egos desechados. El hueco que se observa en él es una puerta abierta para que entre y salga el desconsuelo que no se pueda descolgar por mi ventanita de aburrimiento.
Pretendo, bien temprano cada día, elaborar allí unos brebajes de razones para ofrecerlos --como prevención o tratamiento-- a quienes lo necesiten. Esa será la palanca que utilizaré para intentar la empresa. ¿Mi objetivo? Tratar de evitar que los coprófagos interestelares (ya saben dónde estamos y lo que hemos llegado a ser) nos incluyan en su próximo festìn, hasta que El Caballero Geremy esté en condiciones de defendernos.

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